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Un dato en una hoja de un libro de embarque da para mucho y esto es lo que nos ha pasado con el documento procedente del Fondo Pérez & Cía del Archivo Histórico de la Biblioteca de la Universidad de Cantabria. Este documento nos da pie para hacer un poquito de historia bancaria, relacionarla con América Latina y contar alguna cosa más.

El 11 de noviembre de 1946, el vapor Magallanes que zarpa desde Gijón lleva en sus camarotes de primera a un importante personaje del mundo de los negocios. Viaja por cortesía de la Compañía Trasatlántica y se dirige a Nueva York acompañado por su esposa. Un viaje, entre otros, que tendrá una importancia enorme para su negocio familiar: conocer el funcionamiento de la banca en ese país, experiencia clave para que el banco familiar se modernice y especialice en la banca financiera de tipo anglosajón. Actualmente es uno de los 20 bancos más grandes del mundo. Este personaje era D. Emilio Botín, considerado como el artífice del modelo que permitió a un pequeño banco de provincias, el banco Santander, convertirse en el banco global que es en la actualidad.

El Santander abre su primera sucursal en el pueblo industrial y minero de El Astillero. Ese mismo año, 1923, abre oficinas en Santoña, Ampuero, Potes, Laredo, Reinosa, San Vicente de la Barquera y Comillas. Durante el decenio de 1950 el banco se expande por toda España mediante la práctica de una política de absorciones que culminó en 1978 con la adquisición  de la Banca Jover y del Banco Comercial Español.

 

 Archivo Histórico Banco Santander

  

En 1955 el banco de Santander crea un Departamento Iberoamericano, muy ligado, creemos, con el inmenso flujo migratorio de españoles en América. En los años 70, D. Emilio Botín establece las bases en América Latina de lo que ha llegado a ser el mayor grupo bancario español en el nuevo continente.

Este Diario de Navegantes forma parte de nuestro archivo digital  y por esto queremos mencionar una iniciativa novedosa en este campo como es la creación del Archivo Histórico Banco SantanderUn archivo digital pionero en el mundo de los estudios financieros y bancarios. 

Este archivo lo forman más de 17.000 documentos de carácter histórico generados por Banco Santander y otras instituciones, creadas o adquiridas por este en su larga historia, como el Hispano Americano o el Banco Hispano-Colonial. Entre todos los documentos el más antiguo está fechado en 1857, billete en el que aparece la sevillana Torre del Oro junto a la nave de Ramón de Bonifaz, conmemorando la conquista de Sevilla por marineros cántabros en 1248, en clara alusión al escudo de la ciudad de Santander.

 

Es el primer archivo digital para la historia bancaria del siglo XXI que, previa aprobación e identificación del usuario como miembro de la comunidad académica e investigadora, ofrece su fondo histórico a través de la red.

La difusión del conocimiento es importantísima, compartir información y acceder al documento con un click desde cualquier parte del mundo es ya un camino sin retorno.

Cuenta, además, con una gran biblioteca especializada en temas histórico financieros, y una completa colección de memorias de las principales entidades representadas en él, desde 1857 hasta la actualidad.

 

Fuente imagen Astillero y billete de banco: web Archivo Histórico Banco Santander 

Diario de Navegantes

Corresponsalía en el puerto de Santander

Publicado en Diario
Jueves, 17 Septiembre 2020 07:32

Rosendo Aja

Nunca, ni en sus mejores sueños, Rosendo pudo imaginar que gracias a la valiente decisión que tomó de emigrar a América, iba a influir tanto en la vida de sus hijos, nietos y bisnietos.

Fundador de una extensa familia, junto con su esposa Clara Cerro, Rosendo tiene en la actualidad cerca de 400 descendientes entre México y España. Este es un acercamiento a su pequeña gran historia. 

Nace en un pequeño pueblo de Trasmiera  (Cantabria, España) llamado Riaño donde pasa la infancia junto a sus cuatro hermanos. Una vida sencilla y austera de pueblo y de campo.

Conoció en alguna feria o romería de la zona, donde los mozos y mozas de pueblos cercanos podían hablar y verse por primera vez, a Clara, su futura esposa. Fueron años difíciles aquellos pero eran jóvenes y querían formar una familia así que podemos imaginar las dudas, las charlas, las noches en vela previas a toda encrucijada.  Rosendo no ve otro camino que emigrar a América, mejorar económicamente, hacer un dinero ¡ay si fuera una fortuna! para casarse y dar a su familia una vida mejor

 Y así, a los 23 años, este chaval de Cantabria, cantero de profesión, se embarca en El Indiana nada menos que en Liverpool (Inglaterra) rumbo a Philadelphia. Llega a esta ciudad americana un 18 de abril de 1897. Allí le esperaba su primo carnal Manuel Monte.

Sabemos con seguridad que estuvo en las minas de cobre de Douglas (Arizona), un trabajo duro que le permite ahorrar dinero para mandar a casa, las famosas remesas que tanto ayudaron a los que se quedaron en su tierra natal. 

No tarda en regresar y en ese momento se casa con Clara pero aún no se queda en su tierra si no que regresa a Estados Unidos. 

Durante años Rosendo va y viene a su casa en el Barrio de Arriba en Riotuerto (Cantabria) y en cada viaje la familia aumenta.  Realizó 6 viajes a lo largo de su vida y tuvo otros tantos hijos, seis en total.

Como muchas veces sucede, la guerra se atraviesa en la vida y en esta historia que contamos fue la de 1914 que trajo cambios, entre ellos la baja rentabilidad de las explotaciones mineras y por lo tanto escasez de  trabajo. El hijo mayor de Rosendo, Juan de 18 años, ya está trabajando con él en la mina y es entonces cuando su padre toma otra decisión importante pues decide solicitar ayuda para el hijo a su cuñado José Cerro asentado ya en México capital. José tiene un molino de harina de maíz (nixtamal) y Rosendo le pide que  tutele y guíe a su hijo en este nuevo país que surge tras la Revolución.

En mil novecientos veintiuno Rosendo va a México para encontrarse con su hijo y ver qué tal le van las cosas en el molino. Le da entonces un sabio consejo que marcará su vida: “vuelve al pueblo a casarte con una mujer buena y trabajadora”. Juan le hace caso ¡cómo no!  y al poco regresa con su mujer Agustina, a la que enseña cómo llevar el negocio.

Rosendo siempre pensó en volver a España, cerca de su familia y pasar sus últimos años en la tierruca que lo vio nacer. Murió joven en 1930, a los 54 años,  en Riotuerto. Allí descansan sus restos.

(Ignacio Ortíz Aja, biznieto de Rosendo)

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