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Rosendo Aja

PUBLICADO: Jueves, 17 Septiembre 2020 07:32

Nunca, ni en sus mejores sueños, Rosendo pudo imaginar que gracias a la valiente decisión que tomó de emigrar a América, iba a influir tanto en la vida de sus hijos, nietos y bisnietos.

Fundador de una extensa familia, junto con su esposa Clara Cerro, Rosendo tiene en la actualidad cerca de 400 descendientes entre México y España. Este es un acercamiento a su pequeña gran historia. 

Nace en un pequeño pueblo de Trasmiera  (Cantabria, España) llamado Riaño donde pasa la infancia junto a sus cuatro hermanos. Una vida sencilla y austera de pueblo y de campo.

Conoció en alguna feria o romería de la zona, donde los mozos y mozas de pueblos cercanos podían hablar y verse por primera vez, a Clara, su futura esposa. Fueron años difíciles aquellos pero eran jóvenes y querían formar una familia así que podemos imaginar las dudas, las charlas, las noches en vela previas a toda encrucijada.  Rosendo no ve otro camino que emigrar a América, mejorar económicamente, hacer un dinero ¡ay si fuera una fortuna! para casarse y dar a su familia una vida mejor

 Y así, a los 23 años, este chaval de Cantabria, cantero de profesión, se embarca en El Indiana nada menos que en Liverpool (Inglaterra) rumbo a Philadelphia. Llega a esta ciudad americana un 18 de abril de 1897. Allí le esperaba su primo carnal Manuel Monte.

Sabemos con seguridad que estuvo en las minas de cobre de Douglas (Arizona), un trabajo duro que le permite ahorrar dinero para mandar a casa, las famosas remesas que tanto ayudaron a los que se quedaron en su tierra natal. 

No tarda en regresar y en ese momento se casa con Clara pero aún no se queda en su tierra si no que regresa a Estados Unidos. 

Durante años Rosendo va y viene a su casa en el Barrio de Arriba en Riotuerto (Cantabria) y en cada viaje la familia aumenta.  Realizó 6 viajes a lo largo de su vida y tuvo otros tantos hijos, seis en total.

Como muchas veces sucede, la guerra se atraviesa en la vida y en esta historia que contamos fue la de 1914 que trajo cambios, entre ellos la baja rentabilidad de las explotaciones mineras y por lo tanto escasez de  trabajo. El hijo mayor de Rosendo, Juan de 18 años, ya está trabajando con él en la mina y es entonces cuando su padre toma otra decisión importante pues decide solicitar ayuda para el hijo a su cuñado José Cerro asentado ya en México capital. José tiene un molino de harina de maíz (nixtamal) y Rosendo le pide que  tutele y guíe a su hijo en este nuevo país que surge tras la Revolución.

En mil novecientos veintiuno Rosendo va a México para encontrarse con su hijo y ver qué tal le van las cosas en el molino. Le da entonces un sabio consejo que marcará su vida: “vuelve al pueblo a casarte con una mujer buena y trabajadora”. Juan le hace caso ¡cómo no!  y al poco regresa con su mujer Agustina, a la que enseña cómo llevar el negocio.

Rosendo siempre pensó en volver a España, cerca de su familia y pasar sus últimos años en la tierruca que lo vio nacer. Murió joven en 1930, a los 54 años,  en Riotuerto. Allí descansan sus restos.

(Ignacio Ortíz Aja, biznieto de Rosendo)